Alain Resnais es el ejemplo clásico de un artista incomprendido. Nacido en la década de los veinte, Resnais habría de formarse como cineasta en el Instituto de Altos Estudios Cinematográficos de París. Sin embargo, su primer corto vio la luz cuando contaba a duras penas con 14 años. Antes de su primer largometraje, ya tenía fama mundial por al menos tres: Van Gogh (1950), Las estatuas mueren de pie (1953) y Noche y niebla (1955), estas últimas realizadas junto al cineasta francés Chris Marker.
Al igual que Orson Wells, Resnais habría de revolucionar el cine con su primer largo, una de las más grandes películas de todos los tiempos valga decirlo: Hiroshima Mon amour (1959), historia sencilla de un par de amantes que transmiten su forma de comprender el lanzamiento de la bomba atómica en dicha ciudad japonesa. Y en su segunda película, El año pasado en Marienbad, habría de ratificar su estilo único, que está entre el ensayo fílmico, del que fue pionero con Chris Marker, y la utilización del múltiples recursos visuales para generar narraciones desde los recuerdos y las sensaciones, donde la linealidad es reemplazada por la concatenación de secuencias de manera similar a como éstas y aquellos se unen en la mente.
Fue esto último justamente una de las temáticas centrales en la creación de Resnais: la memoria y el tiempo. Su preocupación inicial, y también la de Marker, es averiguar cómo la ausencia de memoria estructura formas de dominación política (como se sugiere en Lejos de Vietnam) y afectiva (El año pasado en Marienbad). La linealidad heredada de la escuela rusa plantea cuestionamientos serios sobre la manera en que se estructuran las sensaciones y percepciones del espectador y el personaje dentro de la cinta, por ello Resnais recurre frecuentemente a los flashbacks y las secuencias muy breves que rompen con la narración tradicional. Sobre esto ya se habían pronunciado los surrealistas, pero el cineasta francés plantea la posibilidad de que el cine pueda expresar la forma en que se estructura nuestra visión del mundo, es decir, de cómo encadenamos sentimientos con recuerdo y sensaciones sin caer en la entropía psicológica, algo que sí defienden los surrealistas como Bretón. Pero su obra no se agota en estos temas, pues llega a ser vasta, intrincada y siempre chocante, pero aún así entendible.
Esa dualidad entre lo complejo y lo simple permite a Resnais servir de puente entre el movimiento de la Nouvelle Vague y el movimiento de la orilla izquierda, del que hacía parte Marker. Esto también hace sin duda de Resnais un referente en la cinematografía mundial.
1 comentario:
Sí señor, ¡grande Alain! Buena reseña.
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