LO CONTRACULTURAL EN EL CINECLUBISMO
Para el sociólogo francés Pierre Bourdieu, los productos culturales como el cine o la literatura, se rigen por las mismas reglas del mercado que los productos comerciales debido a que los primeros buscan perpetuar un statu quo, similar al que buscan los segundos. Esa perpetuación es una perpetuación del poder: las clases dominantes crean toda clase de artilugios con el fin de no dejarlo escapar. En este escenario medianamente dantesco, los productos culturales (como las obras de arte) son bienes de mercado, y en ese sentido, la sociedad capitalista los valora en términos estéticos; esas obras son, en un sentido bourdiano, el resultado de estrategias elaboradas por los productores culturales (o sea, los artistas en general), que pueden o no tener el papel de cuestionar valores sociales. En palabras sencillas, esas obras son producto de una contracultura. Para Bourdieu, la contracultura es la capacidad de los productores culturales para elaborar estrategias de resistencia frente a la cultura legítima o dominante. Es en este aspecto en el que los cineclubes empiezan a cumplir un rol determinado: puesto que estas obras de arte no son arte de masas, fundamentan su valor estético, en parte, en su rompimiento con la lógica del mercado. Su espacio no puede ser el mismo espacio del arte comercial, así que se requiere de uno –el que sea- para que aquel sea dado a conocer. Ese espacio, si bien puede ser cualquiera, en el caso del cine, es el cineclub, ese espacio donde se proyectan películas y se debate en torno a ellas.
Aunque es cierto que los cineclubes nacen como la reunión de un grupo de cinéfilos que quieren ir a hablar de una película, su papel se ha ido modificando a través del tiempo, pues a ellos ya no asisten solamente especialistas sino gente que quiere acceder a una nuevo cine. Con la llegada de estos espectadores, los cineclubes redefinen su misión, convirtiéndose en cierta forma en instituciones encargadas de la formación de públicos. Y si a eso añadimos que muchas de las obras dadas a conocer en ellas contienen un mensaje de rompimiento con el establishment, la labor de formar públicos deja de ser un mero capricho o un recuerdo de los primeros cineclubistas, para volverse una misión, una misión con sentido crítico. Si bien el cineclub, por su origen, se muestra como expresión de inconformismo con la sociedad en tanto es un espacio alternativo de exposición de películas y espacio crítico de las mismas, actúa de manera institucionalizante, pues se encarga de enseñar a los espectadores una manera “correcta” de ver una película. Esto sólo reproduce estándares narrativos desde lo visual que impiden un cambio en el paradigma establecido. Por ello, un cineclub que merezca ser llamado así debe propender porque sus asistentes adquieran un pensamiento crítico, pero dentro del sistema, con el fin, no de que éste entre a determinar contenidos artísticos, políticos, éticos, etc., sino como un vigilante del libre pensamiento que debe darse en una sociedad como la nuestra desde la cinematografía. El cineclub en la Nacional defiende la necesidad de que la sociedad y sus actores sean cuestionados por el arte, sin que ello signifique una pérdida de libertades de ninguna clase y que permita cambiar aquello que deba ser cambiado. En eso se halla en sintonía con las contraculturas.
Victor A. Arevalo
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6 comentarios:
(Advierto que está un poco desordenado porque pensaba sobre la marcha, pero creo que la idea general está clara).
Me quedan algunas inquietudes.
No estoy tan seguro de en qué medida pueda decirse de un producto artístico que es un producto cultural como aparece al comienzo del texto. De entrada, no sé si con "producto" se quiere resaltar el hecho de que ha sido producido y nada más (en cuyo caso, por ejemplo, un poema fue producido en la medida en que fue escrito) o si se quiere hacer énfasis en algo como el carácter mercantil del que con dificultad podría escapar. En otras palabras, en el hecho mismo de estar sometido a reglas del mercado. Si lo primero, entonces la llamada contracultura deviene en algo así como un plan para dejar de escribir, filmar, esculpir, etcétera, bajo los cánones que impone la cultura. Si lo segundo, la reacción es menos contra los canones de producción, si así se pueden llamar, y más contra las reglas de mercado a las que debe someterse el producto. El matiz es importante porque define si el movimiento contractual se define con relación a toda la cultura, a todo lo que ello implica, incluyendo entonces los métodos mismos de producción; o si se da en relación sólo a las reglas de mercado de la cultura. ¿La contracultura se inclinaría más a oponer resistencia a la producciónde películas como Paraiso Travel (suponiendo que estemos de acuerdo en que resulta fría, calculada par ael mercado, artísticamente estéril)o simplemente a oponer resistencia a su costosa distribución y acceso a la proyección? ¿o ambas cosas? ¿Cuál de las dos es prioritaria?
¿Qué es "nuevo cine"? ¿"Nuevo" no indica por lo general lo que produce la cultura? ¿En esa medida un cineclub debería proyectar cine "diferente", fuera de los cánones culturales o películas viejas?
¿Cuál es la manera "correcta" de ver una película? ¿Verla con sentido crítico? ¿En qué consiste la formación de públicos? Se forman en ver cualquier tipode película (y entonces el cineclub proyecta "Rambo")con sentido crítico o algunas películas que el cineclub ha elegido ya... en cuyo caso el espectador qué tanto se puede formar si no sabe cómo reaccionar ante una película distinta de la que el cineclub tiende a proyectar. ¿No habría allí una revolución (en el sentido matemático, es decir, que en últimas vuelve al mismo lugar del que empezó, algo así como la serpiente que se muerde la cola) de la cultura, y entonces en vez de unac ontracultura lo que hay es simplemnte la fundación de una nueva cultura, diferente, pero que en todo caso constriñe el libre pensamiento?
Por ejemplo, y esto me ha pasado más de una vez, si se enseña a la gente a pensar en Michel Gondry como un buen director de cine, tendrían que pensar que La ciencia del sueño es una buena película sólo por el hecho de ser dirigida por Michel Gondry... o para poner un caso más crítico, ¿todas las películas de Scorsesse son buenas? ¿todas las de Buñuel? Si sí, ¿por qué? ¿porque son de ellos? ... A mi me parece que en general los cineclubes y sobre todo las escuelas de cine tienden a fijar cánones de perfección artística en realizaciones individuales particulares, en los clásicos, en los participantes de un movimiento, etcétera. ¿Eso no implica también una cohartación del libre pensamiento?
Buenooo... siento responder tan tarde pero andaba algo ocupado. Oiga mire, respecto a lo primero que usted dice: la disyunción planteada por usted para algunos autores (como Bourdieu, del que me baso para escribir) es inexistente porque todo producto cultural es YA un producto mercantilizado (sin que nadie conozca el obra artística, ella no puede ser llamada "obra artística"). Podríamos decir, entonces, que los canones de producción y las reglas de mercado casi están fusionadas en nuestros días. Así, su distinción no va al caso y la discusión de lo contracultural com un plan para dejar de escribir, pintar, etc., bajo los cánones de la cultura o como plan para alejarse de las reglas del mercado es hablar de lo mismo.
Ahora, Lo del cine nuevo o lo de ver de una manera correcta el cine es un problema que he tenido desde que estoy en el cineclub. Yo creo que uno que merezca llamarse así debe dar a conocer cine que no sea proyectado por las grandes salas de cine. Esto configura una labor formativa, al menos en el sentido más trivial, pues permite al espectador ver cine diferente al comercial. Pero si esa labor no se acompaña de reflexión y crítica, no sirve de nada y lo que va a generar es un grupo de personas que, al ver ese tipo de películas, legitimaría la proyección de ellas por el simple hecho de ser "nuevas" "alternas" o diferentes. Y eso pasa en Colombia cuando nos traen, en festivales como Eurocine o en proyecciones de ciclos como los del Cineclub El Muro, películas muy malas del cine francés o alemán pero consideradas en nuestro círculo académico e intelectual como "cine arte" cuando no son más que basura. Por ello mi defensa del pensamiento crítico, que debe evitar justamente lo que usted señala acertadamente: que los cineclubes y las escuelas de cine dicten cátedra de buen cine basados en la filmografía de un sólo director o de una sola escuela. Si hiciéramos eso, todas las películas de Chabrol deberían ser consideradas obras de arte, así como las de Truffaut, nada más alejado de la realidad. Creo que un cineclub es contracultural cuando se vuelve crítico, porque la sociedad actual carece por completo de ella.
Qué hubo!,
A propósito de mis propuestas para ciclos en el cineclub (ya Esteban tiene la información) Me gustaría de un lado hacer un ciclo que muestre el paso de lo cómico clásico (como el teatro de Molière) al burlesque (Chaplin, Keaton, Tati) y establezca diferencias entre ambos géneros con base en Le Rire de Herni Bergson. La discusión está, por supuesto, en qué tan diferentes son los géneros y hasta qué punto se puede llegar con las herramientas interpretativas que da Bergson (hay otros autores que tratan el mismo tema: Freud, Deleuze).
Mi otra propuesta tiene que ver con el advenimiento de una Imaginación creativa para diferenciarla de la imaginación trascenental necesariamente ligada con el entendimiendo tal como la explica Kant en la Crítica de la razón pura. La idea sería entonces pasar películas como El Baron de Munchaussen que precisamente proponen que laimaginación es una facultad propositiva, creativa, no sujeta a leyes del entendimiento o de la razón.
un saludo (y lo felicito por lo del viaje)
camilo
PORQUE A ELLOS SI LES RESPONDEN Y NO A MI?
ESTO ES MUCHO ROTO CON CACA!!!
Les respondemos porque no muestran la infinita incapacidad que usted posee para entablar cualquier tipo de discusión
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